DESPERTAR AL AMOR

con un curso de milagros

.

despierta al amor

LA REALIDAD ES UNA ILUSION (2 de 2)

LA REALIDAD ES UNA ILUSION (1 de 2)

¿QUE ESPERAS DE LA ILUMINACIÓN?

Hemos hablado en numerosas ocasiones sobre el sistema de creencias que nos han imbuido desde nuestra tierna infancia. Mediante este sistema hemos aprendido cómo tenemos que comportarnos en sociedad: Qué es aquello en lo que podemos creer y que es lo que no debemos creer. Eso implica que las cosas se convierten en buenas o malas según vayan a favor de nuestras creencias o en contra.





Todos los conceptos y todas las reglas sobre la manera de comportarse en el mundo constituyen la norma básica sobre la que vivimos. Constituye la ley de lo que pensamos de nosotros mismos y lo que pensamos de los demás rigiendo todos nuestros actos: Nos castigamos a nosotros mismos cuando no seguimos esas reglas que hemos establecido y nos premiamos cuando somos “buenos”.

Cada ser persona  tiene su sueño personal basado en esas creencias que nos han sido autoimpuestas, pensamos que somos una cosa cuando en realidad no somos eso que pensamos y este autodesconocimiento nos lleva al miedo y a la culpa. Ese miedo se manifiesta de distintas maneras en cada persona, por supuesto, pero todos sentimos cólera, celos, odio, envidia y otras emociones negativas. Una vida basada en un sueño de sufrimiento

Nadie quiere vivir en ese sueño de sufrimiento. Todo el mundo  busca la verdad, la justicia y la belleza. En realidad nuestra búsqueda de la verdad es eterna porque nuestra mente porque sólo permite creer en las mentiras que hemos almacenado. Sabemos que no somos lo que creemos que deberíamos ser, de modo que nos sentimos falsos y deshonestos, y buscamos...

Buscamos la justicia porque en nuestra mente no existe. Buscamos la belleza porque, por muy bella que sea una persona, no creemos que en realidad lo sea (nadie se ajusta a la perfección al concepto de lo que ha de ser bello). Seguimos buscando y buscando cuando en realidad, en lo más profundo de nosotros mismos, sabemos la verdad...Todo está ya en nosotros.

Tarde o temprano uno ve un retazo de luz, descubre aunque sea en un instante la felicidad y la dicha de reconocerse a sí mismo. Y ese instante cambia una vida. Percibes un sutil transferencia de los deseos mundanos a ese deseo elevado de volver a disfrutar de la dicha...

Pero a veces esa dicha está corrompida, y uno asocia determinadas expectativas al proceso. Asociamos alguna imagen mundana al proceso de iluminación que nos permita corregir nuestros defectos, solventar nuestros problemas o nuestras expectativas de cómo deberíamos de ser.

Pensamos que la iluminación nos traerá dicha, salud, riqueza... y de ese modo transferimos nuestros deseos mundanos a un propósito más elevado. No es el Espíritu quien te guía en esos momentos. Estas escuchando al ego “espiritual”. Aquel que en su deseo de supervivencia, no desea que encuentras a nadie mas que a él mismo. Nunca encontrarás nada si sigues sus designios.

Abandona toda imagen asociada al proceso de despertar. No pretendas nada. Cuando no tienes nada, estás a solas contigo mismo, despierto a quien en realidad eres.

El desafío que afronta cualquier buscador de un estado más elevado, es dejar de buscar “cosas” para alcanzarlo. Plantéate que es lo que buscas en realidad en tu búsqueda de la iluminación y si esperas alguna cosa renuncia a esperar nada.

Si algo esperas, ESTAS ATADO A ESA COSA. Solo cuando no esperes nada podrás decir que eres AUTENTICAMENTE LIBRE  y en esa libertad es cuando puedes alcanzar la iluminación.

LOS 50 PRINCIPIOS DE LOS MILAGROS (y III)




Principio número 29: “Los milagros alaban a Dios a través de ti. Lo alaban al honrar a Sus creaciones, afirmando así la perfección de las mismas. Curan porque niegan la identificación con el cuerpo y afirman la identificación con el espíritu”.

El milagro es la corrección de la percepción acerca de quiénes somos. Se logra al ver únicamente al Espíritu Santo en cada hermano, al ver perfección en cada uno de nosotros y no debilidad ni vulnerabilidad. Ésta por otra parte es la verdadera empatía.
De esta manera lo reforzamos tanto en él como en nosotros. Así se produce el milagro, la corrección de percepción en ambos, en nosotros y en el hermano que tenemos frente, en la experiencia. Así, a través del milagro nos vemos como lo que verdaderamente somos, espíritu invulnerable, fuerte, ilimitado, una expresión de la divinidad, espíritu teniendo una experiencia en lo corporal, y no un cuerpo en una experiencia espiritual.


Principio número 30: “Dado que los milagros reconocen el espíritu, ajustan los niveles de percepción y los muestran en su debido lugar. Esto sitúa al espíritu en el centro, desde donde puede comunicarse directamente”.

El milagro nos muestra el preciso nivel donde se encuentra “el problema”, en un error de pensamiento, en la mente y no en el cuerpo.
Nos muestra que el problema es nuestra idea de culpabilidad, más allá de la forma que adopta. Nos permite ver que todo aparente problema, no es más que un error de pensamiento. Esto es lo que genera la sensación de ausencia de amor en nosotros, un amor que creemos perdido. Allí, a donde debe acudir el amor del Espíritu Santo en nuestra ayuda para rectificar la forma errónea en que nos percibimos. En ese Amor verdadero está nuestra esencia. Ahí el espíritu ocupa el papel central.


Principio número 31.- Los milagros deben inspirar gratitud, no reverencia. Debes dar gracias a Dios por lo que realmente eres. Los Hijos de Dios son santos y los milagros honran su santidad que ellos pueden ocultar, mas nunca perder.
Debemos sentirnos agradecidos por la magnificencia del milagro, este maravilloso y majestuoso regalo de parte de nuestro Padre hacia nosotros, Sus Hijos. Sólo un amor ilimitado, profundo e incondicional, una expresión de Amor verdadero y auténtico puede traernos este regalo. Con el Padre, es con el único que hemos de tener reverencia o gratitud, pues es el verdadero artífice de un estado de consciencia latente en todos nosotros, estado que ante un “mínimo de buena voluntad” aflora para guiarnos de regreso al hogar.

LOS 50 PRINCIPIOS DE LOS MILAGROS (II)




Principio número 16: Los milagros son recursos de enseñanza para demostrar que dar es tan bienaventurado como recibir. Aumentan la fortaleza del que da y simultáneamente le dan fortaleza al que recibe.

Como nos señala Jesús en Un Curso de Milagros, “dar y recibir son parte de una misma cosa”. Cuando doy, es a mi mismo a quien doy, considerando que todos somos parte de la Mente Uno, la Mente del Hijo de Dios. Por lo tanto, recibiré exactamente aquello que ofrezca al mundo y a mis hermanos.


Principio número 17: Los milagros transcienden el cuerpo. Son cambios súbitos

Los milagros, trascienden el cuerpo ya que se producen en un nivel que está más allá de este, se producen a nivel de la mente, donde realmente puede haber cambio, a nivel del pensamiento.
Curan realmente ya que trabajan sobre la causa del “problema“, no sobre el efecto.
Al corregir la percepción acerca de quiénes somos, a nivel de la mente, el cuerpo, una herramienta que en esencia es “neutra” se pone al servicio del Espíritu Santo y da testimonio de la corrección de pensamiento a través de su salud y fortaleza.


Principio número 18: El milagro es un servicio. Es el máximo servicio que le puedes prestar a otro. Es una manera de amar al prójimo como a ti mismo, en la que reconoces simultáneamente tu propia valía y la de él.

Al corregir la percepción sobre nosotros, corregimos la percepción sobre los demás, reconociéndoles como parte de la Filiación.
Dice Un Curso de Milagros: “no puedes reconocer a tu Creador si pierdes de vista a la Creación”. Por lo tanto la única forma de llegar a Dios es a través de su Creación, reconociendo en cada persona, en cada hermano, a una parte inseparable de la Filiación.
La ofrenda que podemos hacer a Quién nos otorgó el regalo de la vida eterna, es tener una percepción correcta, acertada de su Creación, bendecirla y dar testimonio de nuestra unicidad.
Por esta razón, el máximo regalo que podemos hacer a nuestros semejantes, y a nosotros mismos, es reconocerles y reconocernos como parte del Todo al que pertenecemos.

LOS 50 PRINCIPIOS DE LOS MILAGROS (I)


Con el comienzo del curso, he creido adecuado reeditar estas entradas (tres, por cuestiones de espacio) para que puedas entender, quizás un poco mas claramente, el significado de cada uno de los Principios de los Milagros.

No desesperes ni permitas que tu mente renuncie al aprendizaje. Son solo juegos de la misma para evitar que puedas alcanzar el conocimiento presente en tí. Todo lo que ahora parece confuso, tomará forma y lo llegaras a entender con claridad meridiana. 

Sé paciente!! Solo se precisa de "tu pequeña dosis de buena voluntad". El resto te será dado




Principio no. 1: “No hay grados de dificultad en los milagros. No hay ninguno que sea más “difícil” o más “grande” que otro. Todos son iguales. Todas las expresiones de amor son máximas”.

La ilusión es siempre ilusión, más allá de la forma que adopte, y por ende el milagro le deshace siempre de la misma manera al contemplarlo todo desde una única perspectiva, como parte de un sueño, algo que no es real independientemente de cómo se llame.
No existe grado de dificultad en absoluto, ya que todos los aparentes problemas a los que creemos enfrentarnos, no son más que la misma percepción errónea adoptando diferente forma.
El mundo que vemos y que percibimos con los sentidos, es el testigo “fiel” de que nos hemos separado de Dios, de que estamos en oposición a él, y todo lo que fabricamos para atrincherarnos o defendernos persigue el mismo fin, escondernos del supuesto castigo que decimos merecer y que de un momento a otro recibiremos.
Al percibirnos culpables, proyectamos dicha culpa fuera y el mundo que vivimos con todas sus situaciones se transforma en el “merecido castigo”. El milagro, la percepción correcta acerca de quiénes somos, activado por nuestro deseo de “una forma diferente de vivir la vida”, transita por el sueño, transformándolo todo en tierra santa, poniendo todo aquello que fabricamos con un fin profano al servicio del despertar de la mente del Santo Hijo de Dios.
El milagro muestra que la separación nunca ocurrió, por lo tanto, muestra que aquello que de testimonio de que nos separamos, no es malo ni bueno, simplemente nunca existió.


Principio no. 2: “Los milagros -de por sí- no importan. Lo único que importa es su Origen, El Cual está más allá de toda posible evaluación”.

El milagro no importa ya que es una corrección, una ilusión para un mundo de ilusiones, pues sólo en un sueño podemos pensar que lo eterno puede volverse perecedero, que lo ilimitado puede volverse finito y que lo perfecto puede convertirse en imperfecto.
Lo importante del milagro es su Origen, un origen que habla de la Presencia divina en nuestra mente, de la lo que siempre estuvo allí, de la presencia de Dios en la mente de santo Su hijo.
El Origen del milagro siempre es Dios, el Espíritu Santo, la voz que habla por Él dentro de la mente de Su hijo, es lo único relevante en todo el proceso.


Principio no. 3: “Los milagros ocurren naturalmente como expresiones de amor. El verdadero milagro es el amor que los inspira. En este sentido todo lo que procede del amor es un milagro”.

El verdadero milagro es el amor que los inspira, hace alusión al “mínimo de buena voluntad” que es indispensable de parte nuestra para que el Espíritu Santo entre a formar parte de todas nuestras relaciones. Ese mínimo de buena voluntad es lo que propicia el milagro. Sin él, el Espíritu jamás acudirá a la cita ya que no fuerza situaciones o ejerce presión de ningún tipo.
Por otra parte, es Dios o Su voz a través del Espíritu Santo quien opera el milagro no nosotros. Todo lo que procede del milagro (de Dios o de Su voz) es un milagro. Todo lo que procede de Dios es únicamente amor.


2015 UN NUEVO CURSO COMIENZA


Con cada comienzo de año, miles de propósitos convencionales, vienen a nuestra mente con el objetivo de hacer el año diferente y limpiar de nuestra consciencia aquellos pensamientos que nos llenan de culpa: adelgazaremos, haremos ejercicio, dejaremos de fumar, reemprenderemos aquellos estudios que quedaron olvidados, o aquella relación  maltratada…

Sin embargo en pocas ocasiones estos propósitos se enfrentan a la única necesidad mucho más allá de cualquier necesidad material: la búsqueda interior y el reencuentro con uno mismo.

El camino que cada uno de nosotros sigue para alcanzar este objetivo, está predeterminado y sólo requiere de nuestra pequeña dosis de buena voluntad para que una pequeña revolución acontezca en tu vida. Recuerda que una vez que esta jornada ha comenzado, el final es seguro. ¿Por qué esperar? ¿Por qué susti­tuirlo por ilusiones mundanas, cuando tu felicidad se encuentra a tan sólo un instante? El final es indudable una vez el camino ha comenzado y está garantizado por Dios.

Todos los caminos llevan a un mismo objetivo; no existen caminos mejores ni peores, pero desde estas páginas de estudio de Un Curso de Milagros, te ofrecemos el nuestro. Si por algún motivo estas leyendo estas letras, quizás éste sea el tuyo, pues nada llega a ti sin un propósito.




Ésta es la época en la que muy pronto dará comienzo un nuevo año del calendario cristiano. Tengo absoluta confianza en que lograrás todo lo que te propongas hacer. Nada te ha de faltar, y tu voluntad será completar, no destruir. Dile, entonces, a tu her­mano:

* Te entrego al Espíritu Santo como parte de mí mismo.
* Sé que te liberarás, a menos que quiera valerme de ti para aprisionarme a mí mismo.
* En nombre de mi libertad elijo tu liberación porque reconozco que nos hemos de liberar juntos.

De esta forma damos comienzo al año con alegría y en libertad. Es mucho lo que aún os queda por hacer, y llevamos mucho retraso. Acepta el instante santo con el nacimiento de este año, y ocupa tu lugar -por tanto tiempo vacante- en el Gran Despertar. Haz que este año sea diferente al hacer que todo sea lo mismo. Y permite que todas tus relaciones te sean santificadas. Ésta es nuestra voluntad. Amén. (T-15.XI.10)



Nuestro propio año nuevo nacerá de nuestro propio tiempo de Cristo. De la mano del Curso, aceptamos unirnos a Jesús en su tarea (el Gran Despertar), en un año de dicha y libertad, en el que nuestras relaciones se hacen santas, y en el que todo es lo mismo, porque todo en él está dedicado a un único propósito: Nuestro despertar y el de nuestros hermanos.

Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. No hagas interpretaciones que se opongan al Amor de Dios, pues tienes muchos testigos que hablan de él tan claramente, que sólo los ciegos y los sordos podrían no verlos ni oírlos. Decídete este año a no negar lo que Dios te ha dado. Despierta y compártelo, pues ésa es la única razón por la que Él te ha llamado. Su Voz ha hablado claramente, pero tienes muy poca fe en lo que oíste debido a que has preferido tener más fe en el desastre que has ocasionado. Resolvamos hoy juntos aceptar las buenas nuevas de que ese desastre no es real y de que la realidad no es un desastre. (T-16.II.8:1-5)

Para ello, un Curso de Milagros provee un programa de estudios sumamente individualizado, en el que todos sus aspectos están bajo el cuidado y la dirección especial del Espíritu Santo.

Pregunta y Él te contestará. Ésa es Su responsabilidad, y sólo Él está capacitado para asumirla. Responder es Su función. Dirigirle a Él tus preguntas es la tuya.
 (M-29.2:6-10)


El Espíritu Santo jamás ha dejado de resolver por ti ningún problema que hayas puesto en Sus manos, ni jamás dejará de hacerlo. Cada vez que has tratado de resolver algo por tu cuenta, has fracasado. ¿No es hora ya de que conectes todos estos hechos y te des cuenta de lo que significan? Éste es el año en que debes poner en práctica las ideas que se te han dado. Pues las ideas son fuerzas poderosísimas que deben ponerse en práctica y no dejar en desuso. Ya te han dado suficientes pruebas de su poder como para que desees depositar tu fe en ellas y no en su negación. Dedica este año a la verdad y déjala obrar en paz. Ten fe en Aquel que tiene fe en ti. Piensa en lo que realmente has visto y oído, y acéptalo. ¿Cómo puedes estar solo con seme­jantes testigos?
(T-16.II.9:1-10)

El Curso se encuentra organizado enteramente como una herramienta de enseñanza, no es un curso de especulación filosófica, ni está intere­sado en una terminología precisa. Se orienta únicamente hacia la Expiación o corrección de la percepción. El medio de la Expia­ción es el perdón. 

Consiste en tres libros: un Texto de 622 páginas, un Libro de Ejercicios de 478 páginas, y un Libro para Maestros de 88 páginas. El orden en el cual los estudiantes elijan usar los libros y las formas en las que lo estudien dependen de sus necesidades y preferencias particulares.

¿Qué es mejor para unos y qué es mejor para otros? Es posi­ble que a algunos alumnos les sea más útil leer primero el manual. A otros les puede resultar mejor empezar con el libro de ejercicios. Y todavía habrá otros que quizá necesiten empezar en el nivel más abstracto que ofrece el texto. 

Para que los ejercicios del libro de ejercicios tengan sentido para ti, es necesario, como marco de referencia, disponer de una base teórica como la que provee el texto.

Es la práctica de los ejercicios, no obstante, lo que te permitirá alcanzar el objetivo del curso. Una mente sin entrenar no puede lograr nada. El propó­sito de este libro de ejercicios es entrenar a tu mente a pensar según las líneas expuestas en el texto.

Los ejercicios son muy sencillos. No requieren mucho tiempo, y no importa dónde se hagan. No requieren ninguna prepara­ción. El período de entrenamiento dura un año. Las lecciones van numeradas de la 1 a la 365. No intentes hacer más de una serie de ejercicios por día.

El libro de ejercicios está dividido en dos secciones principa­les. La primera está dedicada a anular la manera en que ahora ves, y la segunda, a adquirir una percepción verdadera. A excep­ción de las sesiones de repaso, los ejercicios diarios están planeados en torno a una idea central que se enuncia primero. A ésta le sigue una descripción de los procedimientos concretos mediante los cuales debe aplicarse la idea del día.

Decídete hoy, cierra los ojos, piensa para tus adentros y dispónte este año a hacer algo diferente, algo distinto de todo lo que ha sucedido antes: Seguro que no te arrepentirás !!!

EL SIGNIFICADO DE LA NAVIDAD


En esta Navidad en la que se celebra el nacimiento de la santidad en este mundo, únete a mí que me decidí en favor de la santidad en tu nombre.
 (T-15.III.1.1)
 



El  nacimiento de Jesús para muchas personas, es un acontecimiento histórico, algo único e irrepetible en el devenir de la humanidad. A diferencia de esta actitud, el Curso ve a cada Navidad como un ejemplo de la posibilidad de puesta en marcha de un principio que necesita ser activado en nuestras vidas y que es válido hoy, aquí y ahora. La Navidad es el símbolo del cambio. Significa el nacimiento de un ser nuevo, cuya madre es nuestra condición humana y cuyo padre es Dios.

Cada Navidad se nos da la oportunidad de aceptar el espíritu de Dios, permitiendo  que nuestro corazón sea la matriz para Cristo, un lugar donde pueda crecer en plenitud y prepararse para su nacimiento en la tierra.

Dentro de cada uno de nosotros existe una parte de la mente que conoce nuestra totalidad y nuestra esencia. Es un conocimiento innato, un guía que siempre nos lleva a experiencias de paz, armonía y amor. Es algo muy especial que está en todos y es para todos.

Cristo nace en el ahora, sin pasado ni futuro y viene a entregar el presente al mundo. Somos afortunados porque Dios nos ha elegido para que su hijo nazca por intermedio de cada uno de nosotros, pero como un amigo fiel, no llegará a donde no se le ha invitado. Por tanto, comencemos estas fiestas navideñas abriéndole la puerta a este invitado tan especial.

No temamos abrirle la puerta y recibámosle sin expectativas. Él sabrá orientarnos sin equivocarse y nos traerá regalos que no podremos encontrar en ningún lugar del mundo: El regalo del conocimiento de nuestra esencia, la esencia que siempre ha estado en nosotros y que es la única que conoce nuestra totalidad o nuestra santidad.