DESPERTAR AL AMOR

con un curso de milagros

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despierta al amor

LOS DOCE PASOS DEL PERDON: DUODÉCIMO PASO Abre tu corazón P. Ferrini



DUODÉCIMO PASO


Abre tu corazón


La manera más fácil de abrir tu corazón es pedir ayuda u ofrecerla. Si estás teniendo dificultades, pide ayuda. Pídesela a un amigo. Pídesela a un extraño. Pídesela a Dios. Pide.

La puerta del corazón no puede abrirse si no le das permiso para que se abra. Pedir es dar permiso. Es una invitación al Espíritu Santo para que te ayude a ver las cosas de otra manera. Es una invitación a tus hermanos y hermanas para que viertan su amor y su aceptación en ti. «Llama y se te abrirá». La petición sentida en el corazón siempre recibe respuesta. Es posible que la respuesta no se presente de la manera que esperas, pero está allí si estás dispuesto a verla. El hecho mismo de mirar te abre a encontrarla.

¿Estás buscando amor? Entonces lo encontrarás. Si no aparece inmediatamente, sigue mirando. Si el amor no satisface tus expectativas, deshazte de ellas. El amor está allí, en alguna parte. Cambia todas las ideas o percepciones que bloquean tu conciencia de la presencia del amor, y sin duda lo encontrarás.

Recuerda, si no buscas el amor no lo encontrarás. No seas tímido.

Si quieres abrir tu corazón, ofrece ayuda a alguien. Acércate a un amigo o a un extraño; no importa. Deja que tu intuición te guíe. Allí fuera, en alguna parte, alguien está pidiendo amor. No, no de manera evidente, sino silenciosa. Y tú sabrás quien es.

Ofrece amor sin poner condiciones. Ofrece ayuda sin esperar nada a cambio. Eso te abrirá el corazón. Y también abrirá el corazón de otros.

Cada uno de nosotros tiene la clave de la salvación. Y nos la podemos ofrecer mutuamente con un gesto de apoyo, con una amable palabra de ánimo. Podemos ofrecérnosla mutuamente viendo cada ataque como una petición de amor.

El corazón se abre cuando nos aceptamos a nosotros mismos con todas nuestras contradicciones, con todas nuestras cargas, con todas nuestras luchas. El corazón se abre cuando aceptamos a la otra persona con todas sus pruebas y tribulaciones. El corazón se abre cuando abrimos el corazón de manera simple, como se lo abriríamos a un niño herido. Y se abre cuando el niño interno herido se abre a recibir el amor que se le ofrece.

No hay nada misterioso con respecto a lo que abre el corazón. La aceptación lo abre.

No hay nada misterioso con respecto a lo que cierra el corazón. El juicio lo cierra.

El corazón es un músculo espiritual. Se abre y se cierra. Cuanto más trabaja, más se fortalece.

No te juzgues a ti mismo si sientes que tu corazón se tensa. Sólo se tensa para volver a abrirse. Lo único que tienes que hacer es permitírselo.

Deja que el dolor vaya y venga. Deja que todo pase a través de ti. Respira profundo. Deja que el aire entre y salga. Sé un canal para la vida. No te resistas en la inspiración ni retengas la espiración. Simplemente deja que la respiración vaya y venga.

Deja que la vida vaya y venga, con sus altibajos. No te apegues a unos ni a otros. No tengas miedo de ellos.

Por más que lo intentes no vas a cambiar el flujo de la vida, sus vaivenes. La vida sigue tanto si te aferras como si sueltas.

Cuando te aferras, tus músculos se tensan. Cuando sueltas, tus músculos se relajan. ¿Estás tenso ahora mismo? Está bien. Simplemente sé consciente de ello.
En la propia toma de conciencia se produce la liberación.

Para abrir el corazón, tienes que estar dispuesto a seguir el flujo y el reflujo, la contracción y la liberación. No esperes poder subir a los picos sin descender a los valles.

Para abrir el corazón, tienes que estar dispuesto a estar presente ante cualquier cosa que ocurra aquí y ahora. No tienes que hacer nada. Simplemente tienes que ser. Eso es suficiente.

Sé contigo mismo. Sé con los demás. Sé con Dios. Eso es suficiente.

Las acrobacias son hermosas de observar, pero no son necesarias. No tienes que pasar por el aro para conseguir amor. Sólo tienes que estar dispuesto a recibirlo. Sólo tienes que estar dispuesto a darlo.

Tú no decides de dónde viene el amor ni adonde va. Simplemente viene y tú le dejas entrar. El entra, y tú le dejas ir. La conciencia es un canal para el amor, pero no es su origen.

Cuanto más te conviertes en un conducto para el amor, más te das cuenta de esto. El amor es el único poder. Todo lo que no es amor es un contenedor para él.

El amor es real. El cuerpo/mente sólo es un canal. Su realidad se halla en la realización de su finalidad.

Por sí mismo, el cuerpo/mente sólo es un amasijo de preocupaciones y miedos, de expectativas y juicios. Es un fenómeno destructivo y temporal. Nace. Sufre. Y muere. No tiene un propósito propio.

Su único propósito es ser un contenedor para el amor. Es el cuerpo del amor, la mente del amor, el discurso del amor, la acción del amor. Es el amor sentado en silencio y el amor danzando.

Al abrirnos a la aceptación de nosotros mismos y de los demás, empezamos a ver esto. A medida que pedimos ayuda y la ofrecemos, empezamos a entender que nuestros cuerpos y mentes contienen una energía increíblemente poderosa. Esta energía no puede ser manipulada ni controlada. Pero puede ser experimentada.

Llega un momento de nuestro desarrollo espiritual en el que entendemos los conceptos lo suficientemente bien. No tenemos que leer más libros ni asistir a más talleres. Simplemente tenemos que aplicar lo que ya sabemos en nuestra vida cotidiana.

En un sentido muy profundo, en este momento es cuando establecemos un compromiso con nuestro camino espiritual. Todo lo ocurrido hasta este punto sólo ha sido una preparación para este momento de rendición. Éste es el bautismo de fuego del que habló Jesús. Este es el momento en que volvemos a nacer en Espíritu.

Ahora cada día se convierte en una enseñanza viva para nosotros. La necesidad de profesores y de libros especiales queda atrás. Cada hermano y hermana es un maestro. Cada suceso de nuestra vida es el despliegue de una escritura profunda.

Nuestros amigos miran alucinados mientras hacemos una hoguera y echamos al fuego nuestros libros espirituales.

La cáscara externa se cae. Él núcleo interno florece. Las acciones hablan más alto y claro que las palabras.

Todos llegamos a este punto en el que caemos de manera simple y hermosa en el corazón. Y entonces sabemos que lo que importa no es lo que decimos, sino cómo lo decimos. Y tampoco importa lo que hacemos, sino cómo lo hacemos. Sabemos que todas nuestras creencias no significan absolutamente nada si no vemos, hablamos y actuamos a través de los ojos, los labios y el semblante del amor.

Éste es un lugar al que llegamos no una vez, sino muchas veces. Al principio, ahí nos sentimos incómodos, y volvemos corriendo a la seguridad de nuestras metas y conceptos. Más adelante somos capaces de permanecer ahí durante un tiempo y de recargarnos emocionalmente. Antes de que pase mucho tiempo, anhelamos este lugar donde podemos estar sin esfuerzo. Y cuando llegamos, no queremos irnos.

Esto está bien. El hogar no es un lugar donde vivimos en todo momento. Es un lugar desde el que salimos y al que volvemos, una y otra vez.

El hogar es este lugar donde podemos estar juntos sin sentirnos incómodos y sin palabras innecesarias. Bienvenido, hermano. Bienvenida, hermana. Te saludo al entrar. Te saludo al salir.


Siéntete bien. Que tu vida te colme de bendiciones.

LOS DOCE PASOS DEL PERDON: UNDÉCIMO PASO Mírate en el espejo P.Ferrini




UNDÉCIMO PASO


Mírate en el espejo



Donde quiera que miremos, vemos nuestra propia sombra. A veces nos devuelve la mirada en la mirada de nuestros hermanos. A veces salta delante de nosotros cuando vamos
viento en popa a toda vela.

Nuestras sombras no desaparecen. Se quedan con nosotros.

De algún modo, todo lo que tememos está personificado. Sin embargo, nos pertenece. Todo lo que vemos fuera de nuestro cuerpo/mente confirma una realidad interna.

Si tomas esa realidad interna sin el reflejo externo, lo que tienes es el estado de muerte, un estado de proyección vacía, un estado en el que la interacción es innecesaria, porque las partes de la totalidad ya no están separadas.

Pero, en este mundo, hay un dentro y un fuera. Hay una imagen y un reflejo.

Hay una mente que piensa y una mente que siente. La mente que siente refleja la mente que piensa, porque cada sentimiento es el reflejo de un pensamiento. A menudo resulta difícil separar el sentimiento del pensamiento, porque se siguen el uno al otro muy de cerca.

La totalidad de la psique es un  campo o una serie de estados de pensamiento y de sentimiento intrincadamente entrelazados. Cada campo de conciencia interactúa y se combina con otros, lo que complica todavía más la imagen. Ciertamente es imposible entender las partes componentes o el número de relaciones que hay entre ellas.

Pero lo que sí podemos entender es que, en cualquier momento, lo que vemos fuera de nosotros refleja nuestro campo interno de conciencia, una serie única de constructos de pensamiento y sentimiento. Así, la situación externa es un espejo para nosotros. Mirarse en el espejo puede ser doloroso, pero no es tan doloroso como pretender que el espejo no está ahí.

Cada persona que entra en nuestra vida y nos irrita y nos hace reaccionar, no es sino una personificación de nuestra propia sombra. No tienen un significado objetivo en nuestra vida. Frecuentemente le devolvemos el favor, y también le irritamos y le hacemos reaccionar. Nuestra interacción es totalmente subjetiva. Es la relación de una sombra con otra.

Sólo cuando una persona despierta y entiende que toda la interacción tiene que ver con su propia sombra —lo que ella odia, lo que no puede aceptar, o lo que teme de sí misma— se detiene el proceso de reflejo. Esa conciencia retira el gancho, destruye la proyección. Este tipo de interacciones no puede continuar a menos que haya un acuerdo (generalmente inconsciente) por ambas partes.

No miramos al espejo para aprender a odiarnos a nosotros mismos, sino para aprender a reconocer nuestros juicios reprimidos. Estos juicios sabotean nuestra capacidad de sentirnos plenos por nosotros mismos o en relación con los demás. Así, el descenso a la oscuridad de nuestra propia psique es esencial en nuestro proceso de curación. Sin el descenso, no podemos convertirnos en portadores de luz.

Lo interesante es que este descenso a la oscuridad y el subsiguiente ascenso a la luz no se producen de una manera lineal. Es un viaje cíclico. Primero afronto algún miedo previamente negado, lo saco a la luz, y después otro sale a la superficie. ¿Te suena familiar? A cada victoria le sigue un nuevo reto.

Nos hacemos un flaco favor a nosotros mismos cuando miramos nuestro proceso espiritual con los ojos del mundo o del ego. Tanto  desde la perspectiva del ego como desde la perspectiva del mundo, somos unos miserables fracasados.
El pensamiento lineal, consecutivo y orientado hacia la tarea no puede penetrar en el significado de los procesos cíclicos. Sólo la mente que siente e intuye comprende los conceptos de polaridad y cambio.

Colectivamente, las tradiciones orientales se sienten más cómodas con la mente que siente. Ciertamente la tradición taoísta, de la que vienen el I Ching, el Tao Te Ching y otras obras maestras de la espiritualidad, nos ofrece las comprensiones más profundas sobre el proceso de cambio.

Para los taoístas, todo es energía en movimiento. Incluso las ideas que parecen haber alcanzado su punto álgido o nadir se reciclan, lo que las hace moverse hacia el polo opuesto.
Para la mente oriental, la vida es un péndulo que viene y va; no es un viaje lineal en una sola dirección.

Esta perspectiva nos ayuda a entender que nuestro progreso espiritual no puede medirse por el número de lecciones que recibimos, ni siquiera por la cantidad de lecciones aprendidas, sino por nuestra disposición a mirar dentro del espejo que tenemos delante. Un Curso de Milagros dice que esta pequeña dosis de buena voluntad es suficiente.

En este sentido, cada vez que estamos preparados, abarcamos todas nuestras lecciones simultáneamente. Cada vez que abrimos nuestros corazones, saboreamos la sensación de estar verdaderamente abiertos.

De modo que cada lección ensancha y profundiza la conciencia. Cada lección estira la mente más allá de sus límites conceptuales, y estira el corazón más allá de sus límites emocionales. Es el proceso de traer material inconsciente a la conciencia, de curar las heridas del pasado y descubrir una nueva fe y confianza.

El éxito nos lleva a un nuevo desafío. El fracaso nos brinda la oportunidad de elegir de nuevo. En esto no hay absolutamente ningún juicio implicado.

Los procesos subjetivos no tienen un comienzo ni un final en el tiempo. Esto es algo que nos cuesta entender y aceptar. Pero es esencial ser conscientes de ello si queremos mirar en el espejo una y otra vez sin desanimarnos ni deprimirnos. Después de haber mirado en el espejo durante el tiempo suficiente, todos adquirimos un sentido del humor cósmico. Ya no tratamos de ser perfectos, ni intentamos hacer todo el trabajo de una vez. Nos contentamos con lo que la vida nos trae. El simple hecho de lidiar con lo que surge, sin crucificarnos ni crucificar a otros, es reto suficiente.

Y somos suficientemente inteligentes, y tenemos la suficiente experiencia, como para saber que de vez en cuando vamos a meter la pata. Me refiero a que vamos a olvidar completamente lo que hemos aprendido y vamos a hacer la cosa más estúpida que podamos imaginar. Nuestros peores temores se harán realidad. Vamos a sentirnos avergonzados, iracundos, vueltos del revés. Y, de algún modo, sobreviviremos a eso. E incluso tal vez lleguemos a verlo como un regalo.

Y es entonces cuando realmente sabemos que el viaje da vueltas y más vueltas. Y sabemos que estamos bien, independientemente de dónde parecemos estar o de lo que parece estar ocurriendo. Esto nos lleva al último paso, que a estas alturas ya deberíamos saber que también es el primero.



LOS DOCE PASOS DEL PERDON: DÉCIMO PASO Date cuenta de que todo está bien como está P. Ferrini








DÉCIMO PASO





Date cuenta de que todo está bien como está
 


Cuando Un Curso de Milagros nos pide que «elijamos de nuevo», nos invita a cambiar nuestra percepción, a ver las cosas de otra manera. Nos pide que reconozcamos la desigualdad y que elijamos la igualdad. Nos pide que reconozcamos nuestro miedo y que comprendamos que lo que queremos es amor.



Y si no podemos cambiar nuestra percepción, y si no podemos ver que lo que queremos es amor, entonces nos pide que simplemente tomemos conciencia de que no podemos. La conciencia siempre es suficiente. Todo este proceso está relacionado con expandir nuestra conciencia. Mientras sea consciente de que tengo elección, no importa que no sea capaz de elegir el amor. ¿Puedes aceptar esto?



El ego quiere decir: «Eres una persona inmunda. Has vuelto a fracasar. Te has olvidado de elegir el amor. Nunca vas a hacer las cosas bien».



Todos sabemos que vamos a escuchar esta voz. Pero, detrás de ella, también hay otra voz que dice: «Está bien. No te preocupes. Simplemente sé consciente. Todo está bien».



Sabemos que ésta es la voz del Espíritu porque nos honra, y también honra a todas las demás personas que participan en nuestro drama. No nos ensalza a expensas de otros, ni nos hunde a nosotros para elevar a otros. Lo que nos dice es: «Está bien. Tú juzgaste. Él se sintió ofendido y atacado. Tu devolviste el ataque. Ahora los dos os sentís fatal.

Simplemente sé consciente de lo ocurrido. No hace falta juzgarlo».



Según el Espíritu, no tengo que estar siempre en lo correcto para ser aceptable. Soy aceptable aunque cometa errores. Incluso soy aceptable cuando cometo el mismo error dos o tres veces. Y también lo es mi hermano o mi hermana.



Hay una norma para todos nosotros y esa norma es: «Los errores forman parte del proceso de aprendizaje, y el perdón también». El juicio y la culpa son falsas interpretaciones no sólo de lo ocurrido, sino también de para qué sirve.



Todo lo que ocurre en nuestras vidas sólo tiene una intención: retirar los impedimentos a la presencia del amor, disolver los obstáculos a la paz. Cada esfuerzo, cada pelea en la que derribamos a alguien no es sino una herramienta para despertar, un recordatorio de que volvamos a elegir.



Cuando nos sentimos encolerizados, cuando sentimos que estamos siendo injustamente castigados o que se están aprovechando de nosotros, tenemos que recordar esto. Siempre hay algo que aprender, algo que soltar, algo que agradecer.



¿Cómo podría el amor ser un ataque? Si el estado básico de la creación es un estado de amor, entonces, incluso cuando nos sentimos atacados, el amor está presente. Incluso en medio de nuestro sufrimiento la paz es posible.



Cada momento de nuestra vida es un momento que nos pide algún gesto de perdón. Cada vez que nos juzgamos a nosotros mismos o a otros, cada vez que sentimos miedo y atacamos, cada vez que queremos atacar pero nos obligamos a no hacerlo, cada vez que justificamos nuestro ataque o nuestra defensa, se nos pide que perdonemos. Pero ¿qué significa esto?



Significa que tengo que empezar por darme cuenta de que, como quiera que me sienta ahora mismo, así es como me siento ahora. Es posible que me haya sentido así en el pasado, pero eso no hace que esto sea más real de lo que fue aquello.



Usar el pasado para justificar mi ira no hace sino reforzarla. De modo que debo dejar el pasado en paz.



No traigo el pasado al presente y no llevo el presente al futuro. Simplemente acepto el presente tal como es. Eso es perdón.



No es algo esotérico. Simplemente dejo ser a lo que es. No lucho contra ello. No intento cambiarlo. Simplemente lo dejo ser. Le dejo estar conmigo y me permito estar con ello.



Soy como un fabricante de vinos. Mi experiencia es como un vino que pongo en el tonel de la aceptación y lo dejo envejecer. Con el tiempo, la aceptación madura en entendimiento. Con el tiempo, mi experiencia se convierte en una verdad viviente que me guía e inspira a otros.



Esto exige mucha paciencia. Significa que tengo que reconocer que el vino será mucho mejor cuando haya envejecido. Si lo bebo demasiado pronto, antes de haber vivido con él, mi experiencia no podrá enseñarme. Sólo reforzará lo que he aprendido en el pasado, y es posible que buena parte de ello ya no sea relevante.



Tengo que reconocer que el cambio no es malo. Es un proceso de maduración. Si yo no cambiara, no maduraría. Si no me quedara con mi experiencia, no aprendería de ella.



Mientras siga invirtiendo en dejarlo todo igual, no puedo beneficiarme de las lecciones que la vida me ofrece espontáneamente. Tengo que estar dispuesto a cambiar. Pero no debo ser tan orgulloso como para pensar que sé en qué dirección se ha de producir el cambio.



Eso no puedo saberlo. Eso no debería saberlo. Eso viene de lo desconocido, de más allá de mí, o de un lugar tan profundo dentro de mí que no lo reconozco. Viene a través de mí y me transforma al atravesarme.



Saber que todo está bien es confiar en el proceso, traiga lo que traiga. Significa que sé que mi Creadora me ama y que está conmigo en todos mis empeños. Ella no puede interferir en mis lecciones porque no las creó.



Ella simplemente es mi testigo, tal como yo soy el suyo. Nada más y nada menos.


LOS DOCE PASOS DEL PERDON: NOVENO PASO Acepta la lección. P. Ferrini



NOVENO PASO


Acepta la lección



La vida nunca me trae lo que yo espero. Si la vida me trajera lo que espero, yo no aprendería nada. Inevitablemente, mis expectativas deben quedar frustradas para que yo pueda tener acceso a una realidad más profunda y más amplia.

Cada lección que me llega trata de hacerme despertar, no de castigarme. Mientras piense que Dios o el universo están intentando castigarme, seré incapaz de aceptar mi lección y de aprender de ella.

En verdad, cada lección trata de elevarme. Si estoy en precario, esa lección podría destronarme antes de inspirarme, pero su objetivo siempre es elevarme.

Por supuesto, mi lección y mi interpretación de ella son polos opuestos, están a ciento ochenta grados de distancia. Lo cierto es que no puedo comprender la lección en el nivel del ego. La lección siempre me lleva más allá del ego.

Si estoy tratando de reforzar el ego, Dios nunca me dará eso. Sin embargo, mi fe en Dios suele depender de que mi ego quede suficientemente reforzado.

¡Cómo no voy a sentir frustración! En cuanto pienso que estoy libre de las antiguas limitaciones conceptuales, vuelvo a la batalla.

Aprender mi lección me exige tener mucha compasión por mí mismo. Tengo que darme cuenta de que no me resulta fácil cambiar mi manera de percibir la realidad. Si lo fuera, no necesitaría una lección que practicar.

De modo que tengo que ser paciente. Tengo que ir a mi ritmo. No hay prisa. La mayoría de mis lecciones no están orientadas a conseguir nuevos logros, están orientadas hacia la percepción. No necesito cambiarme a mí mismo, cambiar a los demás o cambiar el mundo. Necesito cambiar mi percepción de mí mismo, del otro y del mundo.

Entiendo mal mi lección si creo que me pide que sea algo que no soy, o que dé algo que no tengo. Si surge el miedo, la enseñanza me impulsa a atravesarlo. Si hay algo que representa una carga para mí, se me pide que no cargue con ello.

Cualquiera que sea la lección, es perfecta para mí. Me pide que haga exactamente el ajuste que soy capaz de hacer. Nunca me pide más de lo que puedo dar.

De modo que la confianza se convierte en un factor importante. Cuanto más confío en mis lecciones, más coopero con ellas, y mejor las aprendo.

En lugar de sospechar de lo desconocido, le doy la bienvenida. Veo cómo me expande y profundiza el lugar donde el amor puede habitar en mí.

Evidentemente, esto no es tan fácil como suena. Cuando siento dolor en mi vida, me tenso automáticamente. Me resisto al dolor. Lucho con él. Me quejo. Raras veces soy capaz de aceptar el dolor y de preguntar cuál es su mensaje. Mi tendencia a resistirme viene de la creencia de que el dolor es un ataque contra mí. De modo que trato de exorcizarlo. Pero eso sólo ahonda el dolor. Por experiencia, aprendo que no puedo salir del dolor a través de la resistencia, sino de la aceptación.

Es una paradoja abrumadora. El dolor sólo se disuelve cuando dejo de invertir en que se vaya. En cuanto trato de librarme de él, el dolor se resiste.

El dolor no es un castigo, sino una comunicación. Me dice que algo se ha torcido. Me pide que realice algún tipo de ajuste. Me pide que venga a una nueva conciencia.

Asimismo, cada lección me pide que abra mi corazón y mi mente de una manera nueva. Debo renunciar a los viejos mecanismos de defensa que ya no necesito para sobrevivir. Centímetro a centímetro, el territorio cedido al miedo debe abrirse al abrazo del amor.

Es un proceso gradual. No se me pide que me abra de una vez. Mientras realice algún progreso, estoy cooperando con mi lección.

Eso no quiere decir que no halle resistencias. De vez en cuando las encuentro. Mi meta no debe ser intentar librarme de las resistencias, sino darme cuenta de cómo vienen y van. Así empiezo a entender cómo mis pensamientos, sentimientos y creencias influyen en mi vida.

Cada vez más me doy cuenta deque lo importante no es lo que ocurre en mi vida, sino cómo reacciono ante ello. Al poner el énfasis en mis reacciones, sobre las que puedo influir, me fortalezco a mí mismo para abordar creativamente las abundantes situaciones difíciles que la vida me presenta.

Ya no soy una víctima de fuerzas desagradables y externas a mí, sino el protagonista que influye positivamente en el resultado de los sucesos al mantener una actitud de confianza, esperanza y fe. Ciertamente, cuando ocurre algo que altera mi paz, me doy cuenta que mi actitud hacia la vida se ha desplomado. Cuando me permito mirar con tranquilidad dentro de mí y elevar mi corazón, veo a mi alrededor un mundo más grácil y cooperativo.

En contra de lo que nos dice nuestra antigua programación, los sucesos de nuestra vida nunca están fijados. Y nunca significan lo que nosotros pensamos. Todo está en movimiento, incluyendo nuestros pensamientos y sentimientos. Así, si realmente queremos entender lo que está ocurriendo en nuestras vidas, tenemos que estar con la situación, contemplándola durante un tiempo. En cuanto me tomo el tiempo de sentir lo que está ocurriendo, tengo más posibilidades de responder a ello apropiadamente.

Lo peor que podemos hacer con una lección es decidir inmediatamente lo que significa. Tenemos que estar en esa situación sin juzgarla ni interpretarla. Tenemos que sentirla, hacernos una idea de ella, y ver cómo se mueve a medida
que cambian nuestros pensamientos y sentimientos.

Este es el proceso de escucha interna. Eugene Gendlin escribió un libro muy útil titulado “Focusing” que ofrece una técnica pormenorizada para sintonizar con nuestrasensibilidad profunda. Las técnicas de meditación también son de ayuda.

Cuando nos damos tiempo para contemplar una situación problemática, no tratamos de analizarla ni de resolverla intelectualmente. Hacer eso es tratar de abordar el problema desde el mismo nivel en que fue creado. Eso no funciona. Tenemos que tomar tierra y ahondar en las sensaciones del cuerpo. Tenemos que salir de nuestra mente pensante y entrar en la mente que siente.

La mente que siente contiene la totalidad de la situación. No selecciona una pieza a expensas de otra. No trata de elegir, porque la elección sólo agravaría el conflicto. Simplemente se extiende para contener todos los aspectos, todas las polaridades, todas las contradicciones. Abraza la situación como una totalidad, sin juzgarla. Tan sólo permite que todo esté plenamente presente en la conciencia.

El acto de dejar ser a la totalidad de la situación permite que se produzca un cambio sutil en la conciencia. En ese cambio, el objetivo no es resolver el problema o elegir entre dos posiciones polarizadas, sino tender un puente entre ellas, lo cual cambia la percepción de que son mutuamente excluyentes.

Esto es similar a una negociación entre dos personas que están en desacuerdo. Cuando dos personas quieren resolver sus diferencias, a menudo es esencial el concurso de un tercero. Esta tercera persona —que puede ser un mediador o terapeuta— está encargada de encontrar el terreno común donde las otras dos puedan ser escuchadas y puedan satisfacer sus necesidades.

El mediador cambia el marco en el que hay que elegir entre dos cosas al marco en el que ambas cosas pueden darse a la vez. El mediador ayuda a construir en ambas personas una conciencia del «nosotros». En este espacio del «nosotros» es donde se resuelven los problemas. Ciertamente, en el espacio del «nosotros» los problemas dejan de existir. Sólo era un problema porque ambas partes lo veían desde el espacio del ego.

Lo mismo es válido para la conciencia misma. Los problemas no se resuelven desde las estrechas percepciones del ego, que están plagadas de conflictos, sino desde la visión expandida del Espíritu, en la que todas las contradicciones pueden quedar contenidas.

Así, estar con un problema requiere un cambio de conciencia, requiere pasar del pensar al sentir. También exige pasar de ese marco mental en el que los contenidos de la conciencia se consideran polarizados y opuestos entre sí, a ese otro marco en el que se consideran coexistentes y están debidamente contenidos.

Estos mismos principios rigen a la hora de establecer la paz dentro de la mente, y también la paz entre individuos y naciones. En cada caso la paz requiere un cambio de intención y de atención, un cambio de conciencia y de percepción.

Cuando lucho contra la lección que me toca aprender, ella es mi enemiga. Cuando la acepto, es mi amiga. Siempre establezco algún tipo de relación con mi lección, y la relación que establezco determina si me resisto a ella o si la aprendo y paso a otra cosa.

Una enseñanza que no permita aprender lecciones no es una enseñanza espiritual, sino una forma de adoctrinamiento. Y las lecciones siempre se aprenden abriendo el corazón y la mente. No tienen nada que ver con conceptos rígidos y morales absolutas. Siempre son experimentales.


De modo que nuestras vidas son laboratorios de aprendizaje. Nuestra experiencia emocional y mental es un aula en la que aprendemos a culpar o a bendecir, a rechazar o a aceptar, a controlar o a liberar.

FRENTE A LA MUERTE (subtítulos en español) Gangaji

Excelente vídeo de 10 minutos donde Gangaji habla de la muerte física.



click en el botoncito cuadrado de abajo a la derecha y apareceran los subtítulos


Gangaji, cuyo nombre original era Merle Antoinette (Toni) Robertson, nació en Texas en 1942, pasando su infancia y parte de su juventud en el estado de Mississippi (EE.UU.). Después de graduarse en la Universidad de Mississippi en 1964, se casó y tuvo una hija. En 1972 se trasladó a San Francisco, donde empezó a explorar los niveles más profundos de su ser.
Como muchos de sus contemporáneos, buscó la satisfacción y la plenitud en las relaciones, en su carrera profesional, en la maternidad, en el activismo político y en la práctica espiritual.
En su búsqueda personal de la verdad tomó el voto delBodhisattva, practicó meditación Zen y Vipassana, y ayudó a dirigir un centro de meditación budista y trabajó también como acupuntora.
A pesar de sus éxitos profesionales, personales y políticos no lograron eliminar el vacío interior que sentía, un profundo y persistente anhelo de realización. La respuesta a su petición de ayuda le llegó inesperadamente en 1990, junto al río Ganges, en la India. Allí encontró al quer sería su maestro Sri Poonjaji (H.W.L. Poonja), un discípulo de Sri Ramana Maharshi. En ese encuentro con su maestro, a quien amorosamente llama Papaji, se reveló la verdadera plenitud que había estado buscando toda su vida. Él le mostró la forma de reconocer a su verdadero Ser.
"El extraordinario evento en esta vida fue encontrar a Papaji. Hasta entonces había estado buscando lo trascendental o lo extraordinario por todos lados, pero después de encontrarme con Papaji, empecé a buscar lo extraordinario en cualquier momento"
Actualmente Gangaji viaja continuamente por todo el mundo dando charlas en las que comparte con sus oyentes su directa experiencia del mensaje esencial que recibió de Papaji. A través de la autoindagación, tal como la enseñaron Ramana Maharshi y Papaji, ella muestra el camino de la libertad a cuantos quieran oírla.

EL CAMPO CUÁNTICO UNIFICADO - DEEPAK CHOPRA




No podemos conocer este campo solo pensando en él, ya que ES TRASCENDENTAL AL PENSAMIENTO Y LA RAZÓN.

Sin embargo, podemos tener un conocimiento experimental de este campo, sólo TRASCENDIÉNDOLO.

Al trascender, comprendemos e integramos el aprendizaje directamente, sin la intervención de la mente.

Cuando meditamos, tenemos la experiencia del SER puro. Y cuanto mas experimentamos el campo de la CONCIENCIA PURA, mas se impregna nuestra actividad cotidiana de todo ello.
Pero ¿Qué es el CAMPO CUÁNTICO UNIFICADO?

Los físicos dicen que cuando vamos mas allá del campo de las partículas subatómicas, cuando entramos en la nube de partículas subatómicas que forman el átomo e intentamos comprender y examinar esas partículas, no existen elementos que alcancen a medir la infinita pequeñez de estas. De hecho, esas partículas son tan, pero tan pequeñas, que no se pueden medir, solo podemos pensar en ellas e imaginarlas. Nunca han sido vistas hasta ahora, nadie las ha visto.

Pero ¿cómo sabemos entonces que existen?

Lo sabemos por la evidencia del rastro que dejan tras de si en los aceleradores de partículas. Se puede ver y fotografiar el rastro que dejan estas partículas y, al ver su rastro, podemos confirmar que existen.

Otra faceta muy interesante es que SOLO EXISTEN CUANDO LAS OBSERVAMOS.
Asi que, cuando observamos estas partículas PARPADEAN PARA MOSTRARNOS QUE SON REALES, QUE ESTÁ AHÍ. Y cuando dejamos de prestarles atención, DESAPARECEN EN EL VACÍO.

Parpadean, encendiéndose y apagándose como lucecitas en un cuarto oscuro.Podemos imaginar ese cuarto oscuro como el espacio infinito y dentro de él, las partículas iluminándose para existir cuando sobre ellas ponemos NUESTRA ATENCIÓN.
Es como si nos dijeran: ¡Sí, aquí estoy!, ¿Hacia dónde tengo que dirigirme, de todas las probabilidades... cuál eliges?

Cuando ponemos nuestra atención en ellas, existen y cuando no lo hacemos, son solamente una amplitud de probabilidades en el campo de todas las posibilidades. Esto se debe a que cada partícula es al mismo tiempo una onda hasta el momento de su observación. Una onda no está restringida a un tiempo y espacio en particular, una onda es una probabilidad de gran amplitud que abarca todas las posibilidades.

La ATENCIÓN es lo que transforma esa probabilidad y la convierte en realidad por el hecho de PONER NUESTRA ATENCIÓN EN ELLA.

POR LO TANTO, TU Y YO CREAMOS A CADA MOMENTO SEGÚN NUESTRO GRADO DE CONCIENCIA y de observación.

De hecho, toda la creación es el SER experimentándose a si mismo, a través de LAS CUALIDADES DE SU PROPIA OBSERVACIÓN.


Si nuestra atención esta fragmentada o no es continua, entonces nosotros estaremos fragmentados. Si nuestra atención está en la totalidad, entonces nosotros somos la totalidad.

UNA RESPUESTA A PREGUNTAS EXISTENCIALES







DIOS ES UNO, el Universo es UNO, el hombre es UNO, y a su vez, el Hombre, el Universo y Dios mismo como 
creador vuelven a unificarse en aquella Esencia sin nombre, la cual para captar, es incompetente absolutamente, toda postura mental.  Hallar entonces, el camino hacia esa Unidad, es nuestra tarea, y ninguna otra. No puede ser ya ninguna otra.

LOS DOCE PASOS DEL PERDON: Tercera piedra angular CONFÍA EN TU VIDA. P. Ferrini


Tercera piedra angular


CONFÍA EN TU VIDA



Buena parte de nuestra vida nos lleva al límite de nuestras fronteras y nos deja allí. Nos dice: «Tú no estás limitado a lo que queda dentro de estas fronteras».

Para confirmar esta intuición, nos damos cuenta de que vamos chocando con todos los límites que nosotros mismos hemos creado. Cada vez que nos posicionamos —y casi no importa qué postura tomemos— separamos una realidad unificada en dos partes aparentes. Puedes llamar a esas partes como quieras: bien y mal, masculino y femenino, alto y bajo.

De la unidad, hacemos la dualidad. En cuanto digo yo, tengo el tú, que significa no-yo. Y si digo nosotros, quiero decir no-ellos.

Por más que expanda mi conciencia, continúo encontrándome con personas o situaciones que no puedo aceptar. Allí es donde trazo la frontera. Establezco mis límites. Lo que queda a este lado de la línea es aceptable. Y lo que queda al otro lado de la línea no lo es.

Ésta es la naturaleza del viaje de mi conciencia: toda mi vida es un proceso de establecer y borrar fronteras. Cuando puedo verlo así, aprendo a ser más flexible conmigo mismo y con los demás. Sé que las fronteras no son reales. Más bien son mis creencias las que hacen que parezcan reales. Cuando cambio mis creencias, esas fronteras desaparecen.

Siempre estoy tratando de definir y de ordenar mi existencia. Y cuanto más intento ordenarla, mayor es la chapuza que hago de ella. Lo cierto es que no soy muy bueno en esto de controlar mi vida. Antes o después llego a esta conclusión.

Antes o después me doy cuenta de que mi propósito aquí no es intentar controlar mi vida. Mi propósito es trabajar con ella.

Puedo decir lo que quiero. No hay nada malo en eso. Pero debo elegir lo que me llega, tanto si es lo que quiero como si no.

A menudo creo que lo que me ocurre no es lo que quería que me ocurriese. Pero, después, descubro que eso es exactamente lo que necesitaba en ese momento. Antes o después me doy cuenta ele que no sé lo que necesito.

Mi fuerza de vida lo sabe. Mi fuerza de vida sabe lo que necesito y lo atrae hacia mí. Solía llamar a mi fuerza de vida destino o Dios, pero eso no funcionó porque la situaba fuera de mí.

¡No está fuera! No está dentro ni fuera, o tal vez está dentro y fuera. Cuando trazo la línea, se retira tan dentro de mí que no puedo encontrarla, o se expande más allá de cualquier límite que yo pueda imaginar. Es tan pequeña que pasa completamente de incógnito. Si la buscas en el cuerpo/mente no podrás encontrarla.

¿Cuánto pesa el cerebro? Es más ligera que eso. ¿Cuánto pesa el alma?¡Incluso es más ligera que eso! Demasiado ligera para ser pesada: la ley de la gravedad no le afecta. Y sin embargo es tan extensa que el universo no es lo suficientemente grande para contenerla.

Cuando miro a quien realmente soy, no veo límites, no hay dentro ni fuera. Cuando miro a quien realmente soy, no soy diferente de ti. No soy diferente de Dios. Todo es lo mismo. Todo es un movimiento de la fuerza de vida, sin principio ni final.

Cuando estoy dentro de mis fronteras, todo me parece muy importante. Cuando la vida entra y borra esas fronteras, me doy cuenta de que todas esas cosas que creía tan importantes son insignificantes.

Cada ola es una purificación, una disolución de apegos, un borrar la pizarra del juicio y la evaluación. Como dijo mi amigo Ji en una conferencia reciente: «Estaba tan feliz y dichoso que no pude rellenar la hoja de evaluación».

Lentamente, las energías giratorias de mi vida se ralentizan hasta acabar en una suave danza. ¡Es extraordinario! Empiezo a darme cuenta de que mi vida está bien tal como es. No tengo que cambiar nada. No tengo que cambiar mis relaciones, ni mi trabajo ni donde vivo para ser feliz. Soy feliz aquí, ahora mismo, tal como soy. La vida ha venido a mí y yo la he abrazado, simple y profundamente.

No sé qué traerá el momento siguiente, pero eso no importa. Lo que venga estará bien. Porque he dejado el miedo atrás junto con mis juicios. Ninguna mancha del pasado tiñe mi inocencia; ninguna expectativa de futuro empaña mi libertad de ser yo mismo o de dejarte ser. Habito simplemente en la comprensión de que estoy bien tal como soy, de que tú estás bien tal como eres, y de que la vida está bien tal como es. Ésta es mi dicha. Ésta es mi sustancia.

El resto sólo es tamaño y forma. El resto sólo es forma que retorna al polvo de donde vino.

Lo insustancial no puede contenerlo sustancial. Los límites no pueden contener lo informe. La mente limitada no puede contener la mente de Dios. Pero la mente de Dios contiene todas las cosas. Es una copa que siempre está vacía. Por más vino que vertamos sobre ella, nunca se llena. Ésta es la profunda bendición a la que todos estamos acudiendo. Esta es la oración en nuestros labios, la canción olvidada que recordamos cuando nuestros corazones se abren mutuamente. Y la canción simplemente dice: «Bienvenidos, hermano y hermana. El lugar que dejasteis ha permanecido vacío, esperando vuestro retorno.

Bienvenidos a casa».