DESPERTAR AL AMOR

con un curso de milagros

NO OTORGUES VALOR A LO QUE NO LO POSEE


Vivimos en un mundo que no permite darte cuenta de tu verdad. Has olvidado lo que eres la parte de ti que es una con Dios, donde tú eres espíritu y las formas no existen y has puesto un velo de oscuridad sobre tu belleza e impecabilidad.

Tus sueños han dado lugar a un mundo irreal que fabricó las formas (tu cuerpo y todos los cuerpos que percibes) en el que estas, encadenan a tu mente. Tanto es así que eres incapaz de pensar en Dios en algo diferente que un cuerpo o una forma.



Pero el cuerpo no es más que una proyección del ego para provocar en ti la idea de separación. Una valla que rodea tu mente donde más allá de él, no hay más que vacío y otros cuerpos lejanos, y donde cada cuerpo parece ser el albergue de una mente separada, de una consciencia aislada del resto, que vive solo y que de ningún modo está unido al Pensamiento mediante el cual fue creado. Percibes millones de formas distintas a la tuya, y eso te permite establecer diferencias entre tú y todo lo demás.

La principal función de todo ello es conseguir la protección del ego mediante la entrega de un valor inconmensurable al cuerpo. El cuerpo se convierte en el elemento fundamental de protección del individuo, mucho más allá de todo lo demás y siempre por encima y en detrimento de otros cuerpos, del entorno o todo lo percibido fuera de uno mismo. Los demás individuos se valoran en función de si constituyen una ayuda o un peligro para la supervivencia, en un potencial enemigo o una fuente de aprovisionamiento físico o psicológico. Creando ante todo en un estado de permanente separación.

Este estado de separación provoca la manifestación de sentimientos en el cuerpo a través de las emociones; emociones negativas y separadoras fruto  de la mente egotista para asegurar su supervivencia. El miedo es la emoción más ligada a la separación, en el que el otro se convierte en un potencial enemigo, presto a arrebatarte todo aquello que anhelas.

La búsqueda de poder, el poder del dinero, de las posesiones materiales genera una dualidad de emociones, pues intentamos obtener satisfacción que cuando la conseguimos se expresa en forma de orgullo, vanidad o mezquindad, o bien nos sentimos atrapados por el poder de otros en forma de celos, fanatismo odio o violencia.

En definitiva otorgamos valor a aquello que no lo posee con el fin de  satisfacer nuestros depravados instintos a la búsqueda  del placer. Se mantiene la ilusión de que uno será tanto más feliz cuanto más deseos vea satisfechos, aún sabiendo que eso no es cierto. Nos comportamos como auténticos vampiros, intentando extraer la energía física o psicológica de los otros, en la confianza de que su obtención nos proporciona satisfacción. Pero dicho objetivo nunca provoca felicidad completa, pues o bien nunca llega a completarse o cuando el objetivo se cumple, no queda sino la búsqueda de otro aún mayor en una interminable cadena de ilusiones.

No aceptes ese aislado aspecto como tu identidad, Olvídate de todo lo insustancial, no creas en ello y olvídate de una reconciliación al nivel de las formas y del cuerpo... No caigas en la tentación de buscar soluciones allí donde no es posible encontrarlas. La reconciliación para encontrar lo único valioso, sólo es posible en tu interior, en el nivel de la mente, integrando ese aspecto aparentemente separado de ti y perdonando todo aquello que no es real, precisamente porque no es real.

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