DESPERTAR AL AMOR

con un curso de milagros

LOS DOCE PASOS DEL PERDON: Asume la responsabilidad. P. Ferrini


CUARTO PASO

Asume la responsabilidad

Una de las maneras de empezar a amarme a mí mismo es empezar a responsabilizarme de mi vida exactamente tal como es. Lo que veo fuera sólo es un reflejo de lo que está dentro.

Sólo me meto en problemas cuando no puedo aceptar mi vida tal como es. A veces rechazo a ciertas personas y situaciones. A veces me apego a ciertas personas y situaciones. Tanto el rechazo como el apego indican una falta de aceptación.

Mi aceptación de mi vida no implica que no vaya a cambiar. Sin duda cambiará. A veces podré anticipar ese cambio. Otras veces no.

El cambio vendrá en la medida que sea necesario. Pero, ahora mismo, mi reto es estar con lo que es. ¿Hay dolor? De acuerdo, entonces debo estar con el dolor.

¿Hay tristeza? De acuerdo, entonces debo estar con la tristeza.

No hay nada que se suponga que debo hacer en mi vida. Sólo hay lo que está ocurriendo. Y eso siempre es suficiente. Si parece no ser suficiente, o si tal vez parece ser demasiado, es porque lo percibimos así.

Nuestras creencias sólo son formas de ver. Casi siempre requieren corrección, porque casi siempre miramos con deseo o con miedo.

Una de las prácticas espirituales más importantes es dejar que las cosas sean tal como son, sin interpretación, sin embellecerlas, sin juzgarlas. Inmediatamente, esto pone al ego del revés. Imagina que le dices al ego que no juzgue, que no compare, que no interprete. Entonces, ¿qué va a hacer? Eh realidad no sabe hacer nada más.

De modo que la práctica se convierte en observar al ego emitir sus juicios e interpretaciones, no evitar que los haga. Porque, en cuanto uno intenta detener al ego e impedir que juzgue, comienza un nuevo nivel de juicio.

Por lo tanto, nos limitamos a aceptar que el ego está haciendo su numerito y lo observamos. El niño herido dentro de nosotros está reclamando atención. Quiere amor, pero no sabe cómo pedirlo. ¡Y sigue insistiendo eternamente!

Eso está bien. ¿Habéis oído eso, amigos? Está bien estar en ego, porque todos nosotros estamos en ego. El noventa y cinco por ciento del tiempo nos expresamos desde el deseo o desde el miedo (y, como hemos dicho, el deseo sólo es otra forma de miedo). No hay nada de lo que avergonzarse. Todos lo hacemos.

Reconocer dónde estamos nos permite ser testigos de ello. Ser testigo es simplemente estar presente, observando a la mente danzar por el aire. No va a dejar de bailar hasta que se exprese completamente y se quede agotada. De modo que observar se convierte en una práctica espiritual, una práctica de profunda compasión por nosotros mismos y por los demás.

Ves, tenemos lo que tenemos. No tenemos por qué deshacernos de nada de ello. Y tampoco tenemos por qué añadirle nada.

Nos basta con estar con ello hasta que lleguemos a entenderlo. Cuanto más entendemos el deseo y el miedo, más nos liberamos de su influencia compulsiva. No es algo que nosotros hagamos. Simplemente es algo que ocurre de manera natural gracias a la práctica.

Tenemos que recordar que nuestra meta no es cambiar el mundo, ni siquiera cambiarnos a nosotros mismos. Nuestra meta es cambiar nuestras percepciones del mundo y de nosotros mismos. Nuestra meta es ver con los ojos del amor en lugar de con los ojos del temor. Esto requiere una nueva manera de mirar, una manera más objetiva de mirar: mirar sin apegarnos a lo que vemos.

Ésta es nuestra práctica espiritual. Y es una práctica que compartimos con muchas tradiciones.

De modo que responsabilizarme implica aceptar mi vida tal como es. Eso significa que no desperdicio mi energía intentando cambiar la forma eterna de mi vida. Significa que no intento que los demás me provean la motivación que necesito para cambiar. Si es que se produce algún cambio, es porque viene desde dentro. Viene de estar con lo que hay aquí y ahora, con paciencia e integridad.

La mejor manera de confrontar una situación negativa no es alejarse de ella, sino atravesarla. Sólo es negativa porque he olvidado mi inocencia y la de mi hermano o hermana. ¿Por qué dejarme amedrentar por mi propio miedo o por el miedo de los demás?

Nada de lo que veo significa lo que creo que significa. Nada de lo que veo significa nada. El miedo comienza con una interpretación, con un recuerdo del pasado. Sin embargo, cada momento es libre y total. A cada momento renace mi capacidad de elegir.

No importa cuántos errores haya cometido. No los arrastro conmigo, aunque pueda creer que sí. A cada momento soy libre de elegir. Soy libre de asumir la responsabilidad de mi vida.

Quiero avanzar con paciencia y con fe. Si voy caminando por cierto sendero, he de encontrar adonde me conduce. Pero incluso si me lleva a un callejón sin salida, no he perdido nada. Ningún sendero es el sendero definitivo y, sin embargo, cada sendero me aporta una lección que debe ser aprendida. Cuando todas las lecciones han sido aprendidas, desaparece la necesidad de seguir un camino. La necesidad de usar esa forma se disuelve.

Está bien. Estoy en ego y voy creando momento a momento a partir del deseo o del miedo. Así son las cosas. Me responsabilizo de ello. No tengo que cambiar nada. Simplemente tengo que ser consciente de lo que está ocurriendo.

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